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Dicen que a los diecisiete años, el joven que posteriormente sería conocido mundialmente como el escritor Graham Greene, autor de El poder y la gloria (1940), El tercer hombre (1950) o El americano tranquilo (1955) entre otras obras, se fugó de la escuela preparatoria dónde lo tenían internado.

Tan angustiado andaba el chico que lo obligaron a hacer seis meses de psicoterapia, y de todo aquello sacó un hábito que le ayudó toda la vida a luchar contra la melancolía; llevar un diario de sueños, lo cual también le ayudaría de paso a potenciar su creatividad.

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En la década de los cincuenta, y como muchos otros escritores, Greene sucumbió al reto de la hoja en blanco en forma de bloqueo creativo, y ahí fue cuando su diario de sueños le salvó, y así se lo explicaría posteriormente a una de sus amantes: “Si uno puede recordar todo un sueño, el resultado es una sensación de entretenimiento que te permite ser catapultado a un mundo diferente, dónde te encuentras lejos de tus propias preocupaciones”.

Y fue allí, entre sueños, dónde Graham Greene encontró la libertad para hacer lo que mejor se le daba, llenar miles de hojas en blanco sin preocupación alguna. Siempre hay una salida en este o otros mundos para afrontar el #BlankPaperChallenge